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hace 24 horas
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La diplomacia nicaragüense se mueve entre La Habana y Caracas, revelando intereses ocultos y tensiones regionales

Inestabilidad diplomática en Caracas

En un lapso de apenas cuatro meses, el régimen de Ortega y Murillo ha experimentado una notable inestabilidad en su representación diplomática en Venezuela. Desde marzo de 2023, han removido a tres embajadores y realizado cuatro nombramientos, convirtiendo la embajada nicaragüense en Caracas en un cargo de alta rotación.

Daysi Torres, exalcaldesa de Managua, asumió la embajada el 21 de marzo, pero fue destituida el 29 de enero tras la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores. Su reubicación en La Habana fue breve, ya que en menos de dos meses fue nuevamente designada embajadora en Venezuela. Durante su ausencia, el cargo fue ocupado por Valezka Fiorella López Herrera, quien estuvo menos de un mes en funciones, y luego por Orlando José Gómez Zamora, quien se mantuvo poco más de dos meses.

Los constantes cambios en la embajada nicaragüense podrían estar relacionados con diversos factores, según analistas que siguen de cerca la relación entre Nicaragua y Venezuela. Julio Borges, exdiputado y expresidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, señala que este es un momento de «acomodo» en las relaciones bilaterales. «Nicaragua está observando cómo se desarrolla la situación en Venezuela, dado su vínculo económico con el sistema internacional, especialmente con Estados Unidos», explica.

Borges recuerda que la figura de Daniel Ortega, que alguna vez fue vista como un referente revolucionario, ha cambiado con el tiempo. «La validación de la toma de posesión de Maduro en 2024 por parte de Ortega es un indicativo de la complejidad de estas relaciones», añade.

Desafíos en la relación bilateral

Los recientes cambios en la embajada podrían ser parte de un intento por entender la administración de Trump y cómo Venezuela podría actuar como un canal para una nueva interlocución entre Estados Unidos y Nicaragua. Borges sugiere que Washington podría utilizar el escenario venezolano para construir una relación diferente con Ortega, a través de figuras como Delcy Rodríguez.

Un diplomático nicaragüense, que prefirió permanecer en el anonimato, menciona que la captura de Maduro ha generado incertidumbre sobre las relaciones internas entre figuras clave como Delcy Rodríguez y Diosdado Cabello. Este contexto, según el diplomático, refleja la escasez de cuadros confiables en el régimen y la confianza que Ortega y Murillo depositan en Daysi Torres para manejar la embajada en Caracas.

La misma fuente indica que el régimen ha decidido enviar a Torres nuevamente a Venezuela tras darse cuenta de que en Cuba no hay oportunidades. Su misión sería negociar la deuda acumulada en el marco de Petrocaribe, que Borges estima en unos 5.000 millones de dólares, un monto que ha sido fuente de corrupción para los líderes nicaragüenses.

«Independientemente de quién gestione la deuda, es crucial que se reglamente de inmediato y se abra una oportunidad clara para su cobro», enfatiza Borges. Esta situación no solo afecta a Nicaragua, sino a otros países que han recibido fondos venezolanos, como Cuba.

Una fuente adicional, familiarizada con las relaciones diplomáticas en la región, destaca que durante la presidencia de Maduro, las relaciones con Managua se traducían en la triangulación de la exportación de oro venezolano a través de Nicaragua. Sin embargo, con el nuevo gobierno estadounidense, se ha impuesto un «cinturón de castidad» a esa relación, lo que ha enfriado la sociedad entre Ortega y Maduro.

Esta fuente también menciona que Nicaragua carece de una política exterior definida, ya que las decisiones parecen estar dictadas por los caprichos de Rosario Murillo. «El régimen intenta modular un discurso que tenga cierta coherencia, pero en realidad está sujeto a la arbitrariedad de Murillo», señala.

La situación actual sugiere que todos estos cambios en las embajadas son, en gran medida, una cuestión de supervivencia para el régimen sandinista. La incertidumbre en la relación con Venezuela, la presión de la administración estadounidense y la influencia de potencias como China y Rusia son factores que complican aún más el panorama.

La embajada nicaragüense en Caracas se ha convertido en un reflejo de la inestabilidad política que enfrenta el régimen de Ortega y Murillo, donde cada cambio de embajador parece ser un intento por adaptarse a un entorno en constante evolución.

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