Más de 100.000 pacientes en Cuba se encuentran a la espera de intervenciones quirúrgicas, mientras los hospitales enfrentan una crisis sin precedentes debido a la falta de electricidad y combustible. La situación se ha vuelto crítica, con servicios esenciales suspendidos y una alarmante escasez de medicamentos y material médico.
Representantes de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA) y de la Organización Mundial de la Salud (OMS) han realizado una visita de tres días a la isla, donde constataron las severas carencias que afectan la atención médica. Los cortes de luz prolongados han llevado a que clínicas y hospitales limiten sus operaciones, poniendo en riesgo la salud de miles de cubanos.
Impacto en la atención médica
Durante una conferencia virtual desde Nueva York, Altaf Musani, responsable de la OMS, destacó que «el coste humano es significativo y sigue aumentando». La falta de recursos básicos ha llevado a que los hospitales se vean obligados a suspender cirugías y a enfrentar dificultades en la atención de urgencias, bancos de sangre y programas de vacunación. Más de 11.000 menores están entre los afectados por operaciones aplazadas, lo que agrava aún más la crisis sanitaria.
La situación es especialmente preocupante para los pacientes oncológicos. Más de 16.000 personas requieren radioterapia y otras 12.000 están en tratamiento de quimioterapia, pero la inestabilidad energética dificulta el funcionamiento de los equipos médicos necesarios para su atención. La falta de electricidad también afecta a las mujeres embarazadas y a los recién nacidos, quienes enfrentan riesgos adicionales debido a la escasez de pruebas diagnósticas y el acceso limitado a servicios de salud.
Edem Wosornu, directora de operaciones de OCHA, relató que «la plantilla sanitaria tiene que subir agua por las escaleras mientras las mujeres están dando a luz porque las bombas no funcionan». Esta situación refleja la precariedad en la que se encuentran los hospitales cubanos, donde el personal médico lucha por mantener la atención en medio de condiciones adversas.
Riesgos sanitarios y nutricionales
La ONU también ha alertado sobre el impacto de la crisis en el acceso al agua y al saneamiento, lo que incrementa el riesgo de propagación de enfermedades como el dengue y la chikungunya. Los programas de vacunación, aunque continúan operativos, enfrentan presiones crecientes debido a problemas en la cadena de frío y el abastecimiento de insumos.
A pesar del deterioro de las condiciones, OCHA y la OMS han elogiado la labor del personal sanitario cubano, que sigue prestando asistencia en circunstancias extremadamente difíciles. «La ayuda humanitaria debe llegar sin demora», enfatizó Wosornu, subrayando que «actuar rápidamente y de manera conjunta es la única forma de evitar un mayor deterioro de la situación».
La crisis sanitaria en Cuba se enmarca en un contexto más amplio de dificultades económicas y sociales, donde la escasez de recursos básicos se ha vuelto una constante en la vida diaria de los ciudadanos. La falta de electricidad y combustible no solo afecta a los hospitales, sino que también complica el acceso a alimentos frescos y otros productos esenciales, lo que repercute en la nutrición de la población.
En este escenario, la comunidad internacional observa con preocupación la evolución de la situación en la isla. La necesidad de asistencia humanitaria se vuelve cada vez más urgente, mientras los cubanos enfrentan un panorama de incertidumbre y precariedad. La falta de soluciones inmediatas podría agravar aún más la crisis, afectando a los más vulnerables.
Más de 100.000 pacientes esperan intervenciones quirúrgicas en Cuba.